Armando este año no tiene muchas ganas de fiesta, de hecho, se lamenta de que no le hayan enviado de viaje de trabajo esa semana, como parecía que quería hacer su jefe. Sigue en la prensa con una cierta distancia la pelea por si se ponen las barras en Vázquez de Mella o en otros sitios y no entiende nada. Si el objetivo del Ayuntamiento de Madrid (ese Ayuntamiento, el de Gallardón, que parece empeñado en destruir la poca vida que queda en la ciudad. Sí, piensa Armando, cuando se quejaba de Álvarez del Manzano no se podía imaginar que lo que vendría después sería aun peor…) es no molestar a los vecinos, Armando piensa que en Callao, o en Plaza de España o en la plaza de los cines Luna también vive gente… Parece que el Ayuntamiento lo que quiere es dispersar las fiestas quizá siguiendo aquella vieja consigna de “divide y vencerás”.
Pero lo que en otra época a Armando le hubiera provocado furia y no hubiera dudado en tirarse a la calle a cuantas protestas se hubieran organizado, este año le deja un poco tibio. Sí, este año Armando no tiene muchas ganas de orgullo porque de repente esta fiesta ya no la siente como suya, sino que tiene la sensación de que es ajena, que ya no le pertenece. Armando lleva muchos años participando, desde principios de los 90 cuando apenas eran unos pocos, en la época en la que se hacía una merienda en el Retiro y todo era mucho más familiar, más cercano. Entonces él, que siempre había estado muy comprometido, que militaba en Izquierda Unida y en COGAM, veía que echarse a la calle era una manera de reivindicar que ellos, las lesbianas, gays, transexuales y bisexuales también tenían dignidad. Con los años la cosa fue aumentando y Armando recuerda cómo en 2004 su madre vino de Valencia y le llamó y fue caminando con ella tras la pancarta de COGAM. Aquel año, por primera vez en muchos orgullos, Armando lloró, sí, lloró desfilando por la Gran Vía. Eran años, los pasados, de celebraciones, porque es verdad que se ha conseguido mucho.
Y sin embargo, este año siente la manifestación y la fiesta como algo ajeno. Porque ya el año pasado tuvo la sensación de que todo era un pretexto, un pretexto vagamente político para drogarse, para lucir el músculo que había crecido en apenas cuatro semanas gracias a los esteroides, se dio cuenta de que la gente que inundaba Chueca el viernes y el sábado no lo hacía porque se sintiera identificada con una causa, sino simplemente porque se podía hacer botellón. El año pasado llegó a las manos. Él, que nunca se había pegado con nadie, que había ido a cientos de manifestaciones sin nunca incurrir en ningún comportamiento violento. Un chico le dijo a un amigo suyo que estaba agachado atándose la zapatilla “ten cuidado, que aquí te la van a meter”. Israel no pudo más. Porque llevaba toda la noche en Vázquez de Mella escuchando comentarios del mismo tipo, porque llevaba toda la noche en su fiesta, la del orgullo gay, sin gays, rodeado de heteros que no entendían el significado y el contenido de todo aquello. Y se enfrentó a este chico, le dijo que se fuera, que si no le gustaban los homosexuales, se fuera por donde había venido, porque aquella era su fiesta. Y los otros dos se le encararon y no recuerda cómo acabó pegándose hasta que un amigo suyo corrió a separarles. Israel el año pasado del orgullo no sacó una historia de amor de tres días con un turista como en otras ocasiones, o un novio, o amigos nuevos: se llevó un ojo morado a casa.
Este año no le apetece repetir lo mismo. Saldrá, claro que saldrá, el miércoles y el jueves a estar en la calle donde este jodido Ayuntamiento le deje estar, e irá a la manifestación, porque para él seguía teniendo un sentido político, aunque para la mayor parte de sus amigos sólo fuera una ocasión para emborracharse y desnudarse. Y luego se iría a casa. En la calle no se va a quedar porque no quiere que le pase lo del año pasado. No le interesa ni ver a Kylie. Y a esas fiestas diseñadas para drogarse que se organizan tan lejos tampoco va a ir, porque no pinta nada ahí. Se irá a dormir, con la sensación de que su fiesta se la han usurpado, unos y otros, se la han robado.
Servicios
Noticias Relacionadas
Desde entonces, César tiene la sensación de que todo le va bien. Ha comenzado a trabajar en la discoteca de moda de camarero, ha conseguido ser gogó en las fiestas más sonadas de la capital. Está en la lista VIP de todos los locales, ha hecho de modelo para varias revistas y hace unos días, una marca de calzoncillos de una tienda de Chueca, le ha propuesto que fuera su imagen para esta temporada. Gana más que nunca y trabaja mucho menos.
leer másNuestra manera de vivir las relaciones, de vivir el amor está marcada por dos cosas: por un lado, por cómo hemos visto que se vivían las relaciones en nuestra familia. Y, por otro, quizá lo más importante, todo lo que la cultura nos dice sobre el amor, todos los libros, películas, series, que giran alrededor del tema. Y ahí Álex siempre se había sentido más identificado con las historias que narraban pasiones autodestructivas, amores dolorosos que llevaban a sus protagonistas a la negación de sí mismos.
leer másLo peor es que Manu había accedido a quedar con él cuando a Ángel le daba la gana. Algún día entre semana le llamaba, se acercaba a su casa, echaban un polvo, hablaban algo y luego desaparecía con la misma rapidez con la que había aparecido. Manu se quedaba entonces algo desolado, y se decía a sí mismo que la próxima vez que le llamara, le iba a decir que no podía, iba a poner alguna excusa, o ninguna, le iba a decir simplemente que no. Porque se sentía un poco como si fuera una puta que encima pone la cama.
leer másMuchas veces vivimos años con personas y no las terminamos de conocer. Hacemos las tareas cotidianas de la rutina de todos los días, como los turnos para limpiar las zonas comunes, las cenas alrededor de la tele viendo Gran Hermano o Sálvame, pero en el fondo no sabemos qué es lo que piensa ése que tenemos al lado.
leer másDurante años, en una discoteca de Madrid que frecuenté semanalmente, tenía un conocido de vista que me llamaba la atención. No tenía un cuerpo espectacular, ni era de una belleza digna de ser portada de ninguna revista, tenía, más bien, una belleza triste o, dicho de otro modo, en su tristeza uno descubría belleza.
leer másÚltimamente me encuentro con gente de profesiones muy originales o tengo amigos que se han liado con chicos cuyas ocupaciones parecen sacadas de una película porno. Conozco, por ejemplo, a un marica que es policía antidisturbios.
leer más
© 2013 | powered by SUMMON press