Tengo un amigo que hace unos años se compró un mapamundi, como aquellos que teníamos en el cole, y va coloreando los países de los que son los chicos con los que se lía. Tiene algunos muy exóticos, como Irak o Bangladesh y, aunque hace tiempo que no le veo, sospecho que ya le quedan pocos por colorear. Sin duda, éste es un álbum de cromos posible, pero hay otros muchos. Hay quien cuando tiene un encuentro sexual le pregunta a qué se dedica para apuntarlo en su lista de “profesiones saboreadas”. Ahora mismo no sabría decir qué álbum, por extensión, es más difícil de completar porque no sé si hay más profesiones que países, supongo que sí.
Hasta hace poco pensaba que éste era un álbum difícil de terminar quizá porque durante muchos años todos los chicos que conocía eran o actores (más bien, aspirantes a actores, ¡que Madrid está lleno de ellos!), o peluqueros o dependientes de Zara. De liarme con los primeros acabé un poco harto porque todos estaban un poco aquejados de histrionismo. Parece ser que yo no entiendo ni estoy a la altura de las exigencias del arte escénico. Y, siendo sinceros, no quiero estar. Dada la frustración que uno siente cuando sale de la peluquería (en realidad, a uno le cortan el pelo como le da la gana al peluquero, da igual lo que tú digas), liarse con peluqueros podía ser cosa buena; lo malo fue que cuando alguno de estos rollos como prueba de su amor, se esmeró en el corte y me dejó hecho un esperpento poligonero. Me costó mucho más el arreglo que lo que originalmente me había ahorrado. Y de los dependientes de Zara poco puedo decir, porque quien me conoce sabe que de Adidas no me saca nadie. Había otras dos profesiones que se estilaban mucho, la de camarero y la de gogó. Por los primeros yo siempre sentí una atracción muy especial porque situarse detrás de la barra te da un poder fascinante. Pero lo mío con los camareros es una atracción frustrada porque creo que no he estado con ninguno ¡y eso que mi ilusión era pasarme las horas muertas en la barra bebiendo whiskies (gratis, claro) esperando a que saliera! Y de los otros, de los gogós, mejor ni hablar porque están en otro nivel y sólo se relacionan entre ellos.
Pero esta cartografía de las profesiones maricas parece que se está ampliando. Últimamente me encuentro con gente de profesiones muy originales o tengo amigos que se han liado con chicos cuyas ocupaciones parecen sacadas de una película porno. Conozco, por ejemplo, a un marica que es policía antidisturbios. Realmente es una muralla humana, alto, fuerte, musculoso. Como apenas tengo confianza con él, nunca le he preguntado qué le llevó a elegir empleo tan original, pero estoy convencido que con esa ocupación no le deben faltar ligues. Y seguro que todos le piden que se uniforme. También es verdad que no es ni el primero ni el único policía gay que conozco. Hay quien se ha liado también con guardias civiles, que le da un punto como mucho más cañí. Y es que no está nada mal que las fuerzas y cuerpos del Estado tengan su lado rosa. Conozco a un chico que tuvo una relación más o menos estable con un cura. Todos los días iba a esperarlo a la salida de la iglesia cuando el otro terminaba de decir misa. Esto es mucho más original, no por lo de ser cura, que los hay a manos llenas, sino por eso de integrarse tan bien en su vida laboral y casi ayudar de monaguillo. Entre mis amistades tengo muchos físicos, biólogos, algún juez, arquitectos… Efectivamente, la normalización hace que salgan a luz profesionales de diversos campos que antes a lo mejor no podían hacerlo. Y eso facilita completar el álbum. Ya puestos a pedir a mí me gustaría tener el cromo de algún bombero o de algún stripper. Probablemente no sean muy difíciles de conseguir, pero parecen más sexis que un licenciado en Derecho, la verdad.
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